Es el microrrelato, al parecer, un género que tiene tintes de modernidad aunque siempre, como a cualquier disciplina, se le busquen raÃces antiguas. Con independencia de a dónde nos lleve la búsqueda de sus antecedentes, sà parece ser cierto que su auge es reciente.
Cuando uno lee estudios sobre microrrelatos, los eruditos nos hablan de cosas como una estética de lo breve, como una cierta pureza y precisión del lenguaje, o como el gusto del hombre moderno por lo inmediato. Seguro que tienen razón. Sin embargo, se me ocurre que aparte de los grandes motivos, existe uno mucho más cotidiano y de andar por casa que puede coadyuvar. Y ese motivo no es otro que la existencia y difusión de Internet.
Por Internet pululan todo tipo de informaciones y opiniones, todo tipo de sitios y páginas, casi cualquier cosa que uno pueda imaginar. Pero entre todas las posibilidades, una muy común es el uso de Internet con fines literarios. Ante la dificultad para publicar en el medio de papel tradicional, muchos escritores frustrados, aspirantes a escritores, o, simplemente, lectores con alguna inquietud creativa, utilizan Internet como medio de que sus obras vean la luz.
El medio es perfecto para ello: gratuito, inmediato, y con un alcance mundial. ¿ Qué más se puede pedir ?
Sin embargo, este medio tiene también sus leyes o, al menos, sus usos y costumbres. Y una de ellas es la brevedad. Es sabido que las pantallas de ordenadores no son el medio más cómodo para leer, que cansan la vista y que Internet promueve el salto rápido entre artÃculos o páginas sin fijar excesivamente la atención. Parece por tanto que la literatura que mejor se presta a la publicación en Internet es la literatura breve. Y en ese sentido abundan, en efecto, los poemas y los microrrelatos, géneros caracterizados por su brevedad. Internet es también un medio muy adecuado para servir de soporte a la logÃstica asociada a concursos literarios, especialmente concursos modestos en que el texto a presentar se envÃa fácilmente por correo electrónico. Parece existir, por tanto, una simbiosis natural entre la literatura breve e Internet.
Seguro que hay otros muchos motivos y mucho más profundos para el gusto actual por el microrrelato y su cada vez mayor aceptación y difusión. Pero se me ocurre que Internet es un factor que ayuda y que, en la red, hacer literatura breve, hacer microrrelatos, es casi una necesidad. Asà que la creciente presencia de microrrelatos en Internet bien podrÃa ser, simplemente, una forma de hacer de la necesidad virtud.





Desde hace un tiempo noto que, cuando escribo un microrrelato, me gusta cada vez más dejar la historia como velada, que no sea evidente, que haya campo para la interpretación o que, al menos, el lector deba poner de su parte para entender lo que estoy contando. Noto también que, cuando leo a otros, me gusta más cuando hay ese cierto nivel de insinuación. Las historias muy directas y evidentes, la historias cargadas de datos y explicaciones, especialmente cuando tienen que ver con pensamientos o sentimientos, empiezan a parecerme un poco burdas, casi dirÃa que poco literarias.
No puedo estar seguro, como en nada que tenga que ver con la literatura, de que esa forma de hacer las cosas sea la correcta o, sobre todo, que sea la única correcta, pero sà de que es como a mi me gusta escribir. Y pienso que, probablemente, me gusta escribirlo asÃ, porque también me gusta que me lo cuenten asÃ, porque me gusta leerlo asÃ. Y puesto a improvisar hipótesis de difÃcil confirmación, se me ocurre que, si a los lectores, supuestamente, les gusta que les dejen la facultad de la interpretación es porque, tal vez, asà lo amoldan a su gusto y es más fácil que se queden satisfechos, que la historia resuene con su modo de pensar y sentir y, sobre todo, porque, de esa forma, participando y construyendo la interpretación y la historia, los lectores son, somos, un poco protagonistas.
Hace unos días leía una recomendación para escritores, supongo que noveles, formulada por Silvia Adela Kohan, en la línea de la necesidad de corregir el texto de una novela de forma que éste fuese, de alguna manera, coherente, el material pertinente, el conjunto equilibrado.
Me dejó pensativo. No podía dejar de darle la razón claro. Pero luego pensaba en lo que eso significa en la práctica, en aplicar esa norma, ese consejo, seguramente bueno, en tu propio texto, en tu creación, en el fruto de tu esfuerzo e imaginación. Y al reflexionar en lo duro que puede resultar esa extirpación de material innecesario, la mente se me iba hacia algo que estoy escribiendo y que intuyo que va a tener que pasar por ese proceso de depuración y destilado.
No es éste mi primer hogar en el ciberespacio. Ya poseo otra página personal denominada
Este gavilán, que despliega sus alas en los cielos del ciberespacio, es un ave de extrañas costumbres.
Este gavilán que despliega sus alas en los cielos del ciberespacio, se encuentra cómodo y caliente en su nido y con sus polluelos, pero también aúna el alma de cazador con la de gaviota y a veces necesita volar libre por el cielo azul. Y cuando lo hace no teme a la altura ni a mirar al sol de frente y gusta de perderse por los cielos de bosques y de desafiar su naturaleza sobrevolando el mar bravÃo.